viernes, noviembre 23, 2012

Callejón del beso – CUENTO CORTO

Publicado por Aarón Mendoza el viernes, noviembre 23, 2012 en , | No comments
AVISO Esta no es la leyenda que originalmente se cuenta en Guanajuato, México

Recuerdo aquel día, cuando un pequeño rayo del sol entraba con mucho esfuerzo a través de la ventana, mi abuela me dijo: –En ocasiones, cuando las manzanas y piñas son más, se acostumbran entre ellas, pero llega otra fruta y la ven fea solo por no ser como ellas–.

Hoy entiendo lo que me decía mi abuela, por eso decidí ser naranja. Soy German, una persona como tú, como el señor que se voltea a ver a otro lado, la señora que no pestañea, el niño en su patineta y la niña en su bicicleta o como cualquier joven que no sabe aún cuál es la dirección correcta.

Soy como cualquier muchacho que no recuerda como fue cuando le empezó a salir la barba o cuando se acostumbró al olor de sus axilas o que al llegar con sus amigos levanta su frente en alto.

Crecí en un lugar lleno de nopales bigotones con sombrero grande y duraznos muy bellos de falda larga.

¿Hemos nacido para la guerra, para la discriminación o para vivir en un mundo tranquilo sin indiferencias?

–Me llamo German y esto es solo un trozo roto de papel de mi vida–.

Creo que a muchos nos ha pasado, nos llegan tantas dudas, muchas no tienen la respuesta de inmediato y no sabes a quien recurrir. Cada parte de nuestro ser va cambiando, tanto físico como mental… De nuevo la duda, el miedo y la falta de información nos acerca a sentarnos bajo aquella fotografía color sepia de la antigüedad que tiene el rincón frio de la casa.

Aun no sé si sea la necesidad humana de tener a alguien a nuestro lado, conforme pasa el tiempo necesito el abrazo de una cálida piel, cantándome una canción al oído bajo la fría marea de personas que pasan a mí alrededor en aquellos estrechos caminos en Guanajuato.

Mis padres parecen no entender, la ayuda de mis amigos no se encuentra.

Un día mientras me encontraba en un partido de futbol, en las gradas hubo una persona que me llamo mucho la atención, la cual fue fácil acercarme porque estaba entre conocidos.

Días después me encontré a la misma persona de las gradas, con un poco de temor me acerque, una extraña sensación invadía mis piernas, ¿Por qué?, solo por el simple hecho de pensar del qué pensarían los demás, pero noche a noche tomaba confianza en mí y me dirigí a la banca en donde estaba esperando el autobús.

Cada día que pasaba los miedos desaparecían y la confianza entre los dos crecía, nos veíamos más seguido, incluso en ocasiones salíamos a comer o a pasear.

Mis padres sospechaban, sabía que no les agradan mis ideas y pensamientos, para mí fue muy difícil caminar en sentido contrario a los demás, siguiendo el pasillo de la poca claridad para algunos. Lo único que quiero es estar con una persona igual a mí, pero en fin quizás este no sea nuestro destino.

–No fue mi decisión, yo no elegí ser rojo o amarillo, lo que soy es una mezcla de ambos–.

Casi al anochecer nos vimos cerca de su casa, un atardecer rápido con la persona que me hacía sentir bien. Sentados en aquel estrecho callejón en el tercer escalón, le platique los planes y disgustos de mis padres hacia mi persona y que en unos días me tendría que ir de Guanajuato.

Antes de despedirme para ir a casa, rompí aquellas cuerdas de los prejuicios sociales, fue un silencio largo para mí, después le dije que ya me iba por que era un poco tarde, tome su mano sin pensar lo que diría, a pesar de que no estábamos muy separados fue largo el camino para llegar a sus labios; mi mano izquierda toco su barbilla, deslizándose suavemente por su mejilla, dejando mi dedo pulgar en su oreja, mi mano quieta mientras los otros dedos masajeaban detrás de su oreja, ambos nos acercamos juntando nuestros labios.

Aquella experiencia fue como un rio cayendo desde las montañas, mientras caía tocando a la madre tierra, sus aguas se pintaban de múltiples colores, al chocar contra mi pecho, el agua coloreaba mi sangre; caballos marinos con diminutas alas venían por mí, dejándome sobre una nube de piedra hasta arriba de la montaña.

Mis padres y algunos amigos fueron a despedirse de mí a la central de autobuses, Sandra una de mis amigas, apartándome de los demás me entrego una carta y también tenía que decirme algo importante:

–Raúl anoche fue asaltado, durante el asalto ocurrió un terrible accidente, él se resistió pero el ladrón le clavó un cuchillo, no alcanzo a llegar a su casa, perdiendo la vida a medio camino–.

Soy German y hoy en día me atrevo a decir que Raúl fue a la primera persona que ame, el falleció en el callejón donde nos dimos nuestro primer beso.

Huyendo de ideas terrenales y rompiendo leyes celestiales, encuentro mi identidad, eliminando temblores interiores, llevo mi alma a cantar en soledad con melodías de libertad, buscando el arma que me proteja la vida y asesinar la discriminación en todas las formas en que se aparece.

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